Por Buddy Nevins
En marzo de 1987, Yildirim Aksoy era camarero a bordo del Discovery I, ganando hasta $1,400.00 al mes. Pero cuando los marinos turcos le lesionaron un ojo, un guardia privado de seguridad armado con una pistola electrónica de rayos láser lo obligó a marcharse de los Estados Unidos.
El guarda fue contratado por Apollo Ship Chandlers, para quien trabajaba Aksoy. Según los expedientes del tribunal, Apollo es una compañía de barcos del oeste del Condado de Dade que tiene concesiones de restaurantes y bares en una docena de embarcaciones.
En las declaraciones del tribunal, Aksoy dijo que trabajaba de 6 a.m. a 11 a.m. seis días a la semana. En los días libres, trabajaba en simulacro de adiestramiento contra incendios y botes salvavidas.
En marzo de 1987, Aksoy estaba sirviendo la comida cuando tuvo que ir al baño. El servicio más cercano para la tripulación estaba tres cubiertas más abajo.
"Si usted tiene que ganar dinero, tiene que hacerlo rápido, así que tenía que ir rápido y regresar para servir la comida," recuerda Aksoy.
Declaró que corrió los tres tramos de escaleras porque el elevador no estaba funcionando. Cuando llegó al baño de la tripulación, se golpeó la cabeza con una pieza de la superestructura del barco que sobresalía de una pared.
Aksoy comenzó de inmediato a ver chispazos de luz en su ojo derecho, pero no informó de la lesión porque "uno de los tipos del barco tuvo un cirugía y lo enviaron de regreso a su país antes de haberse curado. Tenía miedo de que me fueran a despedir."
Al cabo de un mes, reportó la lesión. Declaró que su jefe, un gerente de comidas de Apollo, lo acusó de mentir y lo amenazó con mandarlo de regreso a Turquía.
Aksoy, que tenía 27 años en esa época y llevaba dos años en los cruceros, terminó en un hospital de Miami para hacerse una operación después de quejarse ante un agente de Inmigración de EE.UU. a bordo del barco. El médico quería que se quedara cinco días en el hospital, pero los agentes del Apollo lo fueron a recoger al día siguiente, según los documentos del tribunal.
Dos guardias de seguridad le dijeron a Aksoy que saliera del país. Dijo que un guardia le mostró su pistola de láser y que la utilizaría si se resistía.
Llevaron a Aksoy al aeropuerto y tomó un avión para Nassau, donde su ojo vendado comenzó a sangrar y la compañía no hizo ningún comentario.
Cada viernes durante los últimos 10 años, el Rev. José Paz ha escuchado de primera mano acerca de la dura vida de las tripulaciones de los cruceros.
El reverendo es el capellán del puerto en el Stella Maris Center, dirigido por la iglesia católica. El centro es una casa remolque que está junto al muelle de amarre del Norway, en Miami. Mil tripulantes van anualmente al centro para orar y recibir consejo.
"La vida de esa gente es dura." dijo Paz. "No reciben el salario mínimo. La mayoría sólo descansa cuatro o cinco horas al día. La mayoría de ellos se sienten solos."
"Hago lo que puedo hacer para ayudar. Hago lo que puedo para ofrecerles dignidad por hacer un trabajo que los americanos no quieren hacer," expresó Paz.
El sacerdote español, de 60 años, a veces en sus sermones mezcla historias acerca del duro mundo de los marinos. "Él nos conoce", dijo Troy Williams, un tripulante de Jamaica.
"Es nuestro amigo, alguien en quien podemos confiar," expresó Williams. "No podemos confiar en la compañía, pero podemos confiar en el Padre Paz."
Las noticias sobre la dura vida de los miembros de la tripulación a bordo de los barcos crucero nos hacen recordar a John Gladstone, de 73 años.
Gladstone, antiguo jefe de despacho del Sindicato Marítimo Nacional (National Maritime Union), que vive ahora en Miami, recuerda la mala comida, la mala paga, el alojamiento hacinado, las largas horas y los despóticos capitanes de aquellos días. Después de organizarse la NMU (por sus siglas en inglés) en 1937, mejoraron de forma espectacular las condiciones y los salarios en los barcos de EE.UU.
"Antes del sindicato, trabajábamos por horas y horas y teníamos cuatro horas libres, continuamente," expresó Gladstone, quien trabajó en barcos pequeños navegando por la costa del Pacífico durante la Depresión. "Después de la NMU, trabajábamos cuatro horas y teníamos ocho horas libres. Podíamos descansar."
Aunque pertenecía al sindicato, Gladstone admite que la NMU ganó la batalla pero no la guerra.
"Tan pronto como empezamos a ejercer nuestros derechos, los dueños de barcos usaron artimañas," dijo Gladstone. "Comenzaron a poner banderas extranjeras para evitarnos y ganar más. Eran iguales que los dueños de fábrica huyendo al extranjero para evitar pagar salarios decentes."
Arthur Kane, de la asociación Florida Caribbean Cruise, coincide con Gladstone. Había sindicatos que obligaban a los barcos americanos de pasajeros a registrar los buques en el extranjero para así evitar tener que pagar salarios norteamericanos.
"No tendría sentido económico que fuera de otra manera," dijo.
|